Isaías 6RV09

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La impresionante visión de Isaías de Dios como...

La impresionante visión de Isaías de Dios como Rey en su trono fue un evento crucial en la vida del profeta. Las circunstancias históricas que rodean este evento pueden interpretarse de dos maneras: (1) Algunos consideran el capítulo 6 como el llamado original de Isaías al ministerio, lo que implica que los capítulos 1–5 y 7–12 se sitúan en el reinado de Achâz, quien asumió el poder tras la muerte de Uzzías (6:1). Si fuera así, ¿por qué el llamado de Isaías no está al principio del libro? Quizás su llamado fue colocado en el capítulo 6 por razones literarias, sirviendo como una conclusión a los capítulos 1–5 y una introducción a los capítulos 7–12. La transformación y comisión del profeta simbolizan la necesidad de conversión de toda la nación si desea cumplir su mandato de ser la luz de Dios para el mundo. (2) Otros entienden los capítulos 1–12 como cronológicos; el llamado de Isaías en el capítulo 6 serviría entonces como una nueva comisión del profeta para ministrar de una manera diferente en un período distinto (el tiempo de Achâz) cuando sus palabras serían rechazadas. Aquellos que apoyan esta interpretación señalan los pasajes 2:7–9, 3:16–24, y 5:8–14, argumentando que estos pasajes reflejan un tiempo de prosperidad, fuerza militar, orgullo y esplendor; estas condiciones existieron durante el reinado de Uzzías pero no durante el reinado de Achâz.

1EN el año que murió el rey Uzzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas henchían el templo.

2Y encima de él estaban serafines: cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, y con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.

3Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos: toda la tierra está llena de su gloria.

4Y los quiciales de las puestas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se hinchió de humo.

5Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.

6Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas:

7Y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.

8Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién nos irá? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame á mí.

9Y dijo: Anda, y di á este pueblo: Oid bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis.

10Engruesa el corazón de aqueste pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos; porque no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.

11Y yo dije: ¿Hasta cuándo, Señor? Y respondió él: Hasta que las ciudades estén asoladas, y sin morador, ni hombre en las casas, y la tierra sea tornada en desierto;

12Hasta que Jehová hubiere echado lejos los hombres, y multiplicare en medio de la tierra la desamparada.

13Pues aun quedará en ella una décima parte, y volverá, bien que habrá sido asolada: como el olmo y como el alcornoque, de los cuales en la tala queda el tronco, así será el tronco de ella la simiente santa.