El ministerio de Pablo fue validado por las...
El ministerio de Pablo fue validado por las vidas de aquellos que fueron transformados por las Buenas Nuevas, en lugar de por una carta de recomendación (cp. Hechos 18:27). Cristo, el autor de esta transformación, usó a Pablo para guiar a los creyentes hacia Él. Las marcas de autenticidad no están en cartas escritas con pluma y tinta en pergamino, sino en el fruto del Espíritu (Ga 5:22–23) en vidas humanas y grabadas en corazones humanos.
1¿COMENZAMOS otra vez á alabarnos á nosotros mismos? ¿ó tenemos necesidad, como algunos, de letras de recomendación para vosotros, ó de recomendación de vosotros?
2Nuestras letras sois vosotros, escritas en nuestros corazones, sabidas y leídas de todos los hombres;
3Siendo manifiesto que sois letra de Cristo administrada de nosotros, escrita no con tinta, mas con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.
El contraste entre el ministerio de Pablo y...
El contraste entre el ministerio de Pablo y los ministerios de los demás lleva a Pablo a comparar el antiguo pacto de leyes escritas (Ex 31:18) con el nuevo pacto escrito en los corazones humanos (Jr 31:33).
El antiguo pacto escrito es la ley mosaica...
El antiguo pacto escrito es la ley mosaica interpretada por los rabinos judíos. Conduce a la muerte para aquellos que la consideran un camino de salvación. La ley es buena (Ro 7:12–14), pero quienes la utilizan para obtener mérito fracasan. Conduce ya sea a la transgresión o al orgullo; de cualquier manera, la ley trae condenación (2 Co 3:9).
4Y tal confianza tenemos por Cristo para con Dios:
5No que seamos suficientes de nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia es de Dios;
6El cual asimismo nos hizo ministros suficientes de un nuevo pacto: no de la letra, mas del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.
El antiguo pacto tuvo sus momentos de gloria,...
- El antiguo pacto tuvo sus momentos de gloria, como cuando el rostro de Moisés resplandecía por su comunión con el Señor (Ex 34:29–35).
- El antiguo camino ha sido reemplazado por el nuevo camino, que es eterno (Hb 8:8–13).
7Y si el ministerio de muerte en la letra grabado en piedras, fué con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudiesen poner los ojos en la faz de Moisés á causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer,
8¿Cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu?
9Porque si el ministerio de condenación fué con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justicia.
10Porque aun lo que fué glorioso, no es glorioso en esta parte, en comparación de la excelente gloria.
11Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más será en gloria lo que permanece.
El antiguo pacto, representado por el velo de...
El antiguo pacto, representado por el velo de Moisés, generó miedo y no eliminó la ceguera espiritual.
12Así que, teniendo tal esperanza, hablamos con mucha confianza;
13Y no como Moisés, que ponía un velo sobre su faz, para que los hijos de Israel no pusiesen los ojos en el fin de lo que había de ser abolido.
14Empero los sentidos de ellos se embotaron; porque hasta el día de hoy les queda el mismo velo no descubierto en la lección del antiguo testamento, el cual por Cristo es quitado.
15Y aun hasta el día de hoy, cuando Moisés es leído, el velo está puesto sobre el corazón de ellos.
El creyente que se vuelve al Señor tiene...
El creyente que se vuelve al Señor tiene libertad en el Espíritu. Recibimos algo que Moisés nunca conoció al transformarnos cada vez más en la imagen de Cristo (4:4, Juan 1:1–14, Col 1:15, Hb 1:1–4) y reflejamos la gloria del Señor. La gloria divina en esta vida presente nos lleva a ser como Cristo en la vida venidera (Ro 8:29, Gal 4:19, Fil 3:21, 1 Jn 3:2).
16Mas cuando se convirtieren al Señor, el velo se quitará.
17Porque el Señor es el Espíritu; y donde hay el Espíritu del Señor, allí hay libertad.
18Por tanto, nosotros todos, mirando á cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza, como por el Espíritu del Señor.