2 Corintios 2RV09

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1ESTO pues determiné para conmigo, no venir otra vez á vosotros con tristeza.

2Porque si yo os contristo, ¿quién será luego el que me alegrará, sino aquel á quien yo contristare?

Después de su dolorosa visita (2:1), Pablo escribió...

Después de su dolorosa visita (2:1), Pablo escribió una carta con gran angustia...  y mucha tristeza, destinada al bienestar de los corintios. Esa carta (ver también 7:8–10) evidentemente se ha perdido, pero fue efectiva para lograr el arrepentimiento y el cambio necesarios.

3Y esto mismo os escribí, porque cuando llegare no tenga tristeza sobre tristeza de los que me debiera gozar; confiando en vosotros todos que mi gozo es el de todos vosotros.

4Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas; no para que fueseis contristados, mas para que supieseis cuánto más amor tengo para con vosotros.

Estos versos son el resultado de la visita...

Estos versos son el resultado de la visita anterior de Pablo y del insulto que recibió. Tras la carta severa pero llena de tristeza de Pablo, la iglesia condenó el comportamiento del hombre que causó todos los problemas y lo disciplinó (2:6). Este se arrepintió, así que ese era momento de perdonarlo y consolarlo, tal como Pablo ya lo había hecho.

5Que si alguno me contristó, no me contristó á mí, sino en parte, por no cargaros, á todos vosotros.

6Bástale al tal esta reprensión hecha de muchos;

7Así que, al contrario, vosotros más bien lo perdonéis y consoléis, porque no sea el tal consumido de demasiada tristeza.

8Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él.

9Porque también por este fin os escribí, para tener experiencia de vosotros si sois obedientes en todo.

10Y al que vosotros perdonareis, yo también: porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en persona de Cristo;

11Porque no seamos engañados de Satanás: pues no ignoramos sus maquinaciones.

Después del disturbio en Éfeso (Hechos 19:1–20:1), Pablo...

Después del disturbio en Éfeso (Hechos 19:1–20:1), Pablo se dirigió al puerto de Troas (Hechos 20:5). Estaba ansioso por recibir noticias de Tito sobre el resultado de la carta severa pero llena de tristeza (2 Co 2:4), y cruzó a Macedonia, en el norte de Grecia, para encontrarse con él.

12Cuando vine á Troas para el evangelio de Cristo, aunque me fué abierta puerta en el Señor,

13No tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado á Tito mi hermano: así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia.

En este punto, la historia sobre el encuentro...

En este punto, la historia sobre el encuentro con Tito se interrumpe y no se reanudará hasta 7:5. Pablo se desvía para hablar sobre su ministerio como apóstol proclamando la Buena Nueva.

14Mas á Dios gracias, el cual hace que siempre triunfemos en Cristo Jesús, y manifiesta el olor de su conocimiento por nosotros en todo lugar.

El incienso se esparcía a lo largo de...

El incienso se esparcía a lo largo de la ruta del desfile de un general romano victorioso y se percibía de dos maneras. Para los cautivos, que se dirigían a la arena y a la muerte, era un olor espantoso de muerte y condena. Para los vencedores, era un perfume que daba vida. Así ocurre con las vidas de aquellos que proclaman la Buena Nueva, que o bien conduce a la vida eterna o sella el destino de la persona que la rechaza (cf. 1 Co 1:18).

15Porque para Dios somos buen olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden:

16A éstos ciertamente olor de muerte para muerte; y á aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas ¿quién es suficiente?

17Porque no somos como muchos, mercaderes falsos de la palabra de Dios: antes con sinceridad, como de Dios, delante de Dios, hablamos en Cristo.