Aquí el Reino de Dios se manifiesta con...
Aquí el Reino de Dios se manifiesta con poder sobrenatural (ver 4:23–25, 11:2–6). Llega a personas que habían sido excluidas de la bendición de Dios: gentiles, leprosos, ciegos, mujeres enfermas, endemoniados, recaudadores de impuestos, aquellos con hemorragia crónica y los muertos. Jesús muestra compasión, pero los líderes religiosos se sienten provocados a la oposición. Jesús llama a sus seguidores a la fe y al discipulado.
1Y COMO descendió del monte, le seguían muchas gentes.
2Y he aquí un leproso vino, y le adoraba, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme.
3Y extendiendo Jesús su mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y luego su lepra fué limpiada.
4Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas á nadie; mas ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece el presente que mandó Moisés, para testimonio á ellos.
Jesús una vez más ministró a los marginados...
Jesús una vez más ministró a los marginados o excluidos. El centurión era un soldado gentil, y ministrar a él habría provocado un fuerte resentimiento tanto de las alas nacionalistas como separatistas de la sociedad judía.
5Y entrando Jesús en Capernaum, vino á él un centurión, rogándole,
6Y diciendo: Señor, mi mozo yace en casa paralítico, gravemente atormentado.
7Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.
El centurión reconoció la autoridad de Jesús. Por...
El centurión reconoció la autoridad de Jesús. Por su propia experiencia, sabía que cuando daba órdenes, se obedecían rápidamente. Percibió que Dios había confiado a Jesús la autoridad para hacer milagros. La fe del centurión muestra que el Reino de Dios incluye a los gentiles (8:11).
8Y respondió el centurión, y dijo: Señor, no soy digno de que entres debajo de mi techado; mas solamente di la palabra, y mi mozo sanará.
9Porque también yo soy hombre bajo de potestad, y tengo bajo de mí soldados: y digo á éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y lo hace.
10Y oyendo Jesús, se maravilló, y dijo á los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado fe tanta.
La entrada de gentiles cumple las promesas del...
La entrada de gentiles cumple las promesas del Antiguo Testamento (Is 2:2–3). La promesa de Dios a Abraham incluía ser una bendición para muchas naciones (Gn 18:18). Cristo cumple esta promesa (Ga 3:8, 16).
11Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, é Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos:
12Mas los hijos del reino serán echados á las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.
13Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creiste te sea hecho. Y su mozo fué sano en el mismo momento.
14Y vino Jesús á casa de Pedro, y vió á su suegra echada en cama, y con fiebre.
15Y tocó su mano, y la fiebre la dejó: y ella se levantó, y les servía.
Jesús es el Señor autoritario sobre cada enfermedad...
Jesús es el Señor autoritario sobre cada enfermedad y demonio.
16Y como fué ya tarde, trajeron á él muchos endemoniados: y echó los demonios con la palabra, y sanó á todos los enfermos;
17Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.
Jesús confrontó a dos posibles seguidores con lo...
Jesús confrontó a dos posibles seguidores con lo que realmente significa seguirlo.
18Y viendo Jesús muchas gentes alrededor de sí, mandó pasar á la otra parte del lago.
19Y llegándose un escriba, le dijo: Maestro, te seguiré á donde quiera que fueres.
20Y Jesús le dijo: Las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recueste su cabeza.
21Y otro de sus discípulos le dijo: Señor, dame licencia para que vaya primero, y entierre á mi padre.
22Y Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren á sus muertos.
El episodio en el mar extiende el tema...
El episodio en el mar extiende el tema de lo que implica el verdadero discipulado. La tormenta desafió a los discípulos a confiar sus propias vidas a Jesús para protección y liberación. Jesús incluso tiene autoridad sobre el clima peligroso y el mar (ver Jb 38:8–11, Sal 29, 65:1–13, 89:9, 107:23–32).
23Y entrando él en el barco, sus discípulos le siguieron.
24Y he aquí, fué hecho en la mar un gran movimiento, que el barco se cubría de las ondas; mas él dormía.
25Y llegándose sus discípulos, le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos, que perecemos.
26Y él les dice: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió á los vientos y á la mar; y fué grande bonanza.
27Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y la mar le obedecen?
Este episodio se centra en la autoridad de...
Este episodio se centra en la autoridad de Jesús, así como en el costo de seguirlo; aquellos que caminan por fe, al igual que el Mesías, también experimentarán oposición.
28Y como él hubo llegado en la otra ribera al país de los Gergesenos, le vinieron al encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, fieros en gran manera, que nadie podía pasar por aquel camino.
29Y he aquí clamaron, diciendo: ¿Qué tenemos contigo, Jesús, Hijo de Dios? ¿has venido acá á molestarnos antes de tiempo?
30Y estaba lejos de ellos un hato de muchos puercos paciendo.
31Y los demonios le rogaron, diciendo: Si nos echas, permítenos ir á aquel hato de puercos.
32Y les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron á aquel hato de puercos: y he aquí, todo el hato de los puercos se precipitó de un despeñadero en la mar, y murieron en las aguas.
33Y los porqueros huyeron, y viniendo á la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados.
34Y he aquí, toda la ciudad salió á encontrar á Jesús: y cuando le vieron, le rogaban que saliese de sus términos.