1NO juzguéis, para que no seáis juzgados.
2Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados; y con la medida con que medís, os volverán á medir.
Jesús exhorta a sus discípulos a ministrar a...
Jesús exhorta a sus discípulos a ministrar a otros en lugar de condenarlos. La referencia a una mota (mota de polvo, astilla de madera) frente a una viga en el ojo es una imagen hiperbólica, destinada a aumentar el contraste (ver 5:29, 23:23–24, cp. Mi 6:6–8).
3Y ¿por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu ojo?
4O ¿cómo dirás á tu hermano: Espera, echaré de tu ojo la mota, y he aquí la viga en tu ojo?
5¡Hipócrita! echa primero la viga de tu ojo, y entonces mirarás en echar la mota del ojo de tu hermano.
6No deis lo santo á los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos; porque no las rehuellen con sus pies, y vuelvan y os despedacen.
Este pasaje enseña la persistencia en la oración,...
Este pasaje enseña la persistencia en la oración, pero Jesús no enseña que Dios concederá deseos extravagantes. El pueblo de Dios debe buscar provisión diaria y bendición espiritual (6:10–11).
7Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
8Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abrirá.
9¿Qué hombre hay de vosotros, á quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra?
10¿Y si le pidiere un pez, le dará una serpiente?
11Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos, dará buenas cosas á los que le piden?
12Así que, todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esta es la ley y los profetas.
El Sermón del Monte cierra con un llamado...
El Sermón del Monte cierra con un llamado a decidir sobre Jesús y sus enseñanzas (ver 4:23, 9:35). Aquellos que escuchan el mensaje de Jesús sobre el Reino deben seguirlo para obtener la vida eterna o rechazarlo y experimentar la condenación de Dios. No hay un camino intermedio (Dt 30:15–20, Sal 1, Pr 12:28, Jr 21:8).
13Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva á perdición, y muchos son los que entran por ella.
14Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva á la vida, y pocos son los que la hallan.
Los falsos profetas dicen lo que la gente...
Los falsos profetas dicen lo que la gente quiere oír en lugar de llamar a la gente a vivir según la voluntad de Dios. Deuteronomio 13:1–5 y 18:21–22 establecen estándares para evaluar la veracidad de un profeta: Sus palabras deben conformarse a la palabra de Dios, y sus predicciones deben cumplirse. Jesús explica el primer requisito: Las acciones de un profeta deben coincidir con sus palabras para ser creíbles; por lo tanto, las acciones de un verdadero profeta también coincidirán con la palabra de Dios. Así como el fruto indica la naturaleza de un árbol, la vida de uno indica un corazón regenerado o no regenerado. Se esperan falsos profetas al final de los tiempos (ver Mt 24:11, 24; Hc 20:28–35, Ap 13:11–18, 16:13, 19:20, 20:10). Para no ser engañados, los cristianos deben ser discernientes (ver 1 Cor 12:10, 14:29, 1 Ts 5:21, 1 Jn 4:1–3, Ap 2:20).
15Y guardaos de los falsos profetas, que vienen á vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces.
Los frutos buenos y malos se refieren al...
Los frutos buenos y malos se refieren al comportamiento moral (ver 3:8, 10; 12:33–37, 13:8, 21:43, Ga 5:19–23).
16Por sus frutos los conoceréis. ¿Cógense uvas de los espinos, ó higos de los abrojos?
17Así, todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos frutos.
18No puede el buen árbol llevar malos frutos, ni el árbol maleado llevar frutos buenos.
19Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase y échase en el fuego.
20Así que, por sus frutos los conoceréis.
21No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
22Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?
23Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad.
El énfasis en todo este sermón (5:3–7:27) está...
El énfasis en todo este sermón (5:3–7:27) está en hacer lo que Jesús enseña caminando en justicia (5:20). Escuchar y no obedecer es elegir la puerta ancha y el camino amplio que llevan a la destrucción (St 1:22–25, 2:14–26). La decisión es necesaria a la luz de lo que se ha revelado. Ver Lv 26, Dt 28, 30.
24Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé á un hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña;
La tormenta es una metáfora del juicio omnisciente...
La tormenta es una metáfora del juicio omnisciente de Dios (ver Jr 23:19, Ez 1:4).
25Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa; y no cayó: porque estaba fundada sobre la peña.
26Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé á un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;
27Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, é hicieron ímpetu en aquella casa; y cayó, y fué grande su ruina.
Jesús comenzó a enseñar apenas a sus discípulos...
- Jesús comenzó a enseñar apenas a sus discípulos (5:1), pero las multitudes también lo habían seguido hasta la ladera de la montaña.
- A diferencia de los maestros de la ley religiosa, cuya autoridad se derivaba de las Escrituras que citaban o de las enseñanzas de eruditos anteriores, Jesús enseñaba con verdadera — es decir, directa —autoridad. Citó las Escrituras en el Sermón, pero su enseñanza se basaba en su propia autoridad como el Mesías.
28Y fué que, como Jesús acabó estas palabras, las gentes se admiraban de su doctrina;
29Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.