Cuando Cristo regrese, seremos como él, porque lo...
- Cuando Cristo regrese, seremos como él, porque lo veremos tal como es. Los hijos de Dios llevan la imagen de Cristo y compartirán su gloria (ver Ro 8:18–30).
- Aquellos que tienen esta esperanza se mantienen puros, buscando ser más como Cristo en anticipación de su gloriosa aparición. En parte, es por esta razón que los hijos de Dios no se avergonzarán cuando Cristo venga (1 Jn 2:29).
1MIRAD cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios: por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce á él.
2Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él apareciere, seremos semejantes á él, porque le veremos como él es.
3Y cualquiera que tiene esta esperanza en él, se purifica, como él también es limpio.
Esta sección analiza lo que significa vivir una...
Esta sección analiza lo que significa vivir una vida pura (3:3). Nacer en la familia de Dios requiere purificación; una vida de pecado, una falta continua de pureza, es evidencia de que alguien no es realmente hijo de Dios. El pecado es incompatible con la nueva naturaleza derivada del nuevo nacimiento. Juan desea que los creyentes actúen correctamente y así demuestren que están unidos a Cristo y su justicia. Aquellos que son hijos de Dios no practican el pecado, pero esto difiere del tipo de “ausencia de pecado” que los falsos maestros afirmaban (ver 1:5–10 y notas de estudio correspondientes).
4Cualquiera que hace pecado, traspasa también la ley; pues el pecado es transgresión de la ley.
5Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.
6Cualquiera que permanece en él, no peca; cualquiera que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.
7Hijitos, no os engañe ninguno: el que hace justicia, es justo, como él también es justo.
8El que hace pecado, es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.
Vivir rectamente implica mantener una relación adecuada con...
Vivir rectamente implica mantener una relación adecuada con Dios. (Esto contrasta con los falsos maestros, quienes afirmaban que la vida en el espíritu no podía ser contaminada por ningún comportamiento en un cuerpo físico). Esto no significa que llevemos vidas perfectas (1:8), sino que nos mantenemos en una buena relación con Dios (1:9).
9Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado, porque su simiente está en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.
10En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo: cualquiera que no hace justicia, y que no ama á su hermano, no es de Dios.
Juan ahora se enfoca en la necesidad de...
Juan ahora se enfoca en la necesidad de que los creyentes se amen mutuamente (ver Jn 13:34).
11Porque, este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos á otros.
No como Caín, que era del maligno: estaba...
No como Caín, que era del maligno: estaba celoso de que Abel recibiera la aprobación de Dios; este celo lo llevó al asesinato (Gn 4:8). El odio es juzgado, al igual que el acto externo que resulta de él (ver Mt 5:21–22).
12No como Caín, que era del maligno, y mató á su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.
13Hermanos míos, no os maravilléis si el mundo os aborrece.
14Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte á vida, en que amamos á los hermanos. El que no ama á su hermano, está en muerte.
15Cualquiera que aborrece á su hermano, es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permaneciente en sí.
El ejemplo de Cristo demuestra que el amor...
El ejemplo de Cristo demuestra que el amor verdadero implica sacrificio personal. Logramos esto al preocuparnos sinceramente por las necesidades de los demás y al ofrecer desinteresadamente nuestro tiempo, esfuerzo, oraciones, posesiones e incluso nuestras vidas para satisfacer esas necesidades.
16En esto hemos conocido el amor, porque él puso su vida por nosotros: también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.
17Mas el que tuviere bienes de este mundo, y viere á su hermano tener necesidad, y le cerrare sus entrañas, ¿cómo está el amor de Dios en él?
18Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y en verdad.
Aquellos que realmente aman (3:16–18) tienen la confianza...
Aquellos que realmente aman (3:16–18) tienen la confianza de que Dios los acepta, porque el amor verdadero es la evidencia principal de la fe genuina y de la nueva vida en Cristo (ver 4:7–8).
19Y en esto conocemos que somos de la verdad, y tenemos nuestros corazones certificados delante de él.
20Porque si nuestro corazón nos reprendiere, mayor es Dios que nuestro corazón, y conoce todas las cosas.
21Carísimos, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios;
22Y cualquier cosa que pidiéremos, la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.
Juan ofrece aquí un nuevo criterio para discernir...
Juan ofrece aquí un nuevo criterio para discernir quién tiene el Espíritu. El Espíritu no es posesión de una élite iluminada cuyas vidas no cambian. En cambio, el Espíritu llega a todos los creyentes y fomenta el discipulado obediente (Ga 5:22–23).
23Y éste es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos á otros como nos lo ha mandado.
24Y el que guarda sus mandamientos, está en él, y él en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.