La carta a la iglesia en Sardis advierte...
La carta a la iglesia en Sardis advierte a los cristianos que, aunque tienen la reputación de estar espiritualmente vivos, en realidad están muertos. Sin una transformación genuina, enfrentarán el juicio de Dios.
1Y ESCRIBE al ángel de la iglesia en SARDIS: El que tiene los siete Espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice estas cosas: Yo conozco tus obras que tienes nombre que vives, y estás muerto.
La iglesia de Sardis necesitaba despertar o caería...
- La iglesia de Sardis necesitaba despertar o caería de repente. La ciudad de Sardis había caído cuando las fuerzas de Ciro (549/546 a. C.) y de Antíoco III (189 a. C.) realizaron ataques inesperados a través de un túnel secreto y tomaron por sorpresa a los guardias. Lo mismo les sucedería a los cristianos allí si no cumplían con los requisitos de Dios (ver 20:12, Ef 2:10, St 2:20).
- "como ladrón": Al igual que los invasores en la historia de la ciudad, Cristo vendría de repente (ver Ap 16:15, Mt 24:43, 1 Ts 5:2, 2 Pe 3:10).
2Sé vigilante y confirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios.
3Acuérdate pues de lo que has recibido y has oído, y guárda lo, y arrepiéntete. Y si no velares, vendré á ti como ladrón, y no sabrás en qué hora vendré á ti.
4Mas tienes unas pocas personas en Sardis que no han ensuciado sus vestiduras: y andarán conmigo en vestiduras blancas; porque son dignos.
5El que venciere, será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.
6El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias.
La carta a la iglesia en Filadelfia anima...
La carta a la iglesia en Filadelfia anima a los cristianos que parecen ser débiles e impotentes a darse cuenta de que su verdadera fortaleza está en Cristo. Este mensaje reconfortante no contiene palabras de desaprobación. El Reino de Dios no depende de la fuerza o sabiduría humana, sino del poder y la autoridad de Dios.
7Y escribe al ángel de la iglesia en FILADELFIA: Estas cosas dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre:
8Yo conozco tus obras: he aquí, he dado una puerta abierta delante de ti, la cual ninguno puede cerrar; porque tienes un poco de potencia, y has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.
9He aquí, yo doy de la sinagoga de Satanás, los que se dicen ser Judíos, y no lo son, mas mienten; he aquí, yo los constreñiré á que vengan y adoren delante de tus pies, y sepan que yo te he amado.
10Porque has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la tentación que ha de venir en todo el mundo, para probar á los que moran en la tierra.
11He aquí, yo vengo presto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.
12Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá fuera; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalem, la cual desciende del cielo de con mi Dios, y mi nombre nuevo.
13El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias.
La carta a la iglesia en Laodicea reprende...
La carta a la iglesia en Laodicea reprende a los cristianos tibios cuyas vidas inconsistentes no representan más que a ellos mismos. Ellos provocan tal repulsión en Cristo que este los expulsa de su boca.
14Y escribe al ángel de la iglesia en LAODICEA: He aquí dice el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios:
"ni eres frío ni caliente": Las aguas termales...
"ni eres frío ni caliente": Las aguas termales de Hierápolis eran conocidas por sus propiedades curativas. Colosas era igualmente reconocida por sus manantiales fríos y refrescantes. En contraste, el agua disponible en Laodicea era maloliente y tibia. Esta agua resulta desagradable; Jesús estaba indicando que la falta de compromiso decidido de la iglesia hacia él era repugnante.
15Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente. ¡Ojalá fueses frío, ó caliente!
16Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.
17Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo;
18Yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.
19Yo reprendo y castigo á todos los que amo: sé pues celoso, y arrepiéntete.
20He aquí, yo estoy á la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré á él, y cenaré con él, y él conmigo.
21Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.
22El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias.