Esta parte de la visión de Juan sobre...
Esta parte de la visión de Juan sobre la ciudad aborda la provisión de agua y alimento de Dios para su pueblo (cp. Ex 16:4,22–24; Ez 47:1–12; Jn 4:10, 6:32–35). Aunque Dios originalmente creó un “jardín de delicias” (Edén) para Adán y Eva, ellos desobedecieron y lo perdieron (Gn 23). Ahora, Edén es transformado y unido a la ciudad celestial como el maravilloso regalo de Dios para su pueblo fiel.
1DESPUÉS me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero.
2En el medio de la plaza de ella, y de la una y de la otra parte del río, estaba el árbol de vida, que lleva doce frutos, dando cada mes su fruto: y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.
3Y no habrá más maldición; sino que el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán.
4Y verán su cara; y su nombre estará en sus frentes.
5Y allí no habrá más noche; y no tienen necesidad de lumbre de antorcha, ni de lumbre de sol: porque el Señor Dios los alumbrará: y reinarán para siempre jamás.
Este epílogo de Apocalipsis contiene declaraciones del ángel...
Este epílogo de Apocalipsis contiene declaraciones del ángel (22:6,8–11) y de Cristo (22:7,12–19), seguidas de una súplica final por el regreso de Cristo (22:20) y una bendición de cierre (22:21). El epílogo tiene varias conexiones verbales directas con la introducción del libro (1:1–11) y resume temas importantes como el aliento a la perseverancia fiel, la advertencia a los malhechores, la afirmación de la autenticidad del mensaje profético y la reiteración de la cercanía del regreso de Cristo.
6Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor Dios de los santos profetas ha enviado su ángel, para mostrar á sus siervos las cosas que es necesario que sean hechas presto.
7Y he aquí, vengo presto. Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.
La advertencia anterior contra la adoración falsa (ver...
La advertencia anterior contra la adoración falsa (ver 19:10) se repite cuando Juan nuevamente se postra ante el Ángel. Solo Dios merece nuestra adoración (cp. Juan el Bautista en relación con Jesús, Juan 1:6–8,26–27; 3:27–35).
8Yo Juan soy el que ha oído y visto estas cosas. Y después que hube oído y visto, me postré para adorar delante de los pies del ángel que me mostraba estas cosas.
9Y él me dijo: Mira que no lo hagas: porque yo soy siervo contigo, y con tus hermanos los profetas, y con los que guardan las palabras de este libro. Adora á Dios.
10Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro; porque el tiempo está cerca.
11El que es injusto, sea injusto todavía: y el que es sucio, ensúciese todavía: y el que es justo, sea todavía justificado: y el santo sea santificado todavía.
12Y he aquí, yo vengo presto, y mi galardón conmigo, para recompensar á cada uno según fuere su obra.
13Yo soy Alpha y Omega, principio y fin, el primero y el postrero.
14Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad.
15Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, y los disolutos, y los homicidas, y los idólatras, y cualquiera que ama y hace mentira.
16Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente, y de la mañana.
17Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga: y el que quiere, tome del agua de la vida de balde.
"Porque yo protesto á cualquiera que oye las...
- "Porque yo protesto á cualquiera que oye las palabras de la profecía de este libro": Juan hace un juramento para proteger la integridad del libro de Apocalipsis. Declara una maldición sobre cualquiera que altere el contenido del libro o su mensaje (cp. Dt 4:2, 12:32). Esta maldición contrasta con la declaración de bendición sobre todos los que leen en voz alta, escuchan y obedecen la profecía (Ap 1:3). En el momento en que se escribió Apocalipsis, los escribas a veces alteraban los libros para adaptarlos a sus propias opiniones. Los primeros cristianos desarrollaron rápidamente medios para autenticar tanto los mensajes como los mensajeros (ver Jn 21:24, 1 Co 16:21, Ga 6:11, Col 4:18, 2 Ts 3:17, 1 Jn 4:1–3).
- Desde la época de la iglesia primitiva, el alcance y contenido del Nuevo Testamento se ha establecido como la medida de la proclamación cristiana. Sin embargo, la iglesia continúa siendo acosada por aquellos que intentan reconstruir las fronteras de las Escrituras, añadiendo otras obras que creen que tienen un estatus igual al de la Biblia o argumentando que ciertos segmentos de la Biblia son creaciones poco fiables del esfuerzo y percepción humanos. La iglesia genuina ha rechazado y seguirá rechazando los esfuerzos por redefinir los límites del canon como intentos humanos e incluso demoníacos de alterar la base de la fe cristiana.
18Porque yo protesto á cualquiera que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere á estas cosas, Dios pondrá sobre él las plagas que están escritas en este libro.
19Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad, y de las cosas que están escritas en este libro.
20El que da testimonio de estas cosas, dice: Ciertamente, vengo en breve. Amén, sea así. Ven: Señor Jesús.
21La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.