Salmo 1RV09

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Los dos primeros salmos sirven como una introducción...

Los dos primeros salmos sirven como una introducción a todo el libro de los Salmos (conocido como el Salterio). El Salmo 1 presenta la guía del Señor en sabiduría, mientras que el Salmo 2 muestra el dominio de Dios sobre un mundo rebelde y pecador. Juntos, estos salmos invitan a las personas a abandonar la necedad, que lleva a la destrucción, y a seguir el camino de Dios, que conduce a la sabiduría y la salvación. El Nuevo Testamento confirma que Dios gobernará las naciones a través de Jesucristo, su representante elegido (Hebreos 1.5; Apocalipsis 12.5; 19.15).

El Señor trae verdadera felicidad a aquellos que...

El Señor trae verdadera felicidad a aquellos que se apartan del mal y encuentran gozo en él.

Este salmo de sabiduría establece el tono de...

Este salmo de sabiduría establece el tono de todo el Salterio. El salmista contrasta fuertemente la felicidad de los piadosos con la condenación de los malvados; al final, el camino de la sabiduría triunfará. Esta idealización de la persona piadosa (como en Salmo 8) pone de relieve las expectativas del Señor para su pueblo y especialmente para el venidero Mesías (Salmo 2). El pueblo de Israel no estuvo a la altura de este ideal, y tampoco lo hicieron los reyes de la dinastía de David. Ni siquiera el mejor de ellos podia traer el triunfo de la justicia descrito en los Salmos 1, 2, y 72. En el Nuevo Testamento, el uso del Salterio por parte de los apóstoles para describir la vida y ministerio de Jesús el Mesías confirma que solo Jesús cumple el ideal de la persona piadosa presentada en los salmos. Solo Jesús podía agradar a Dios y asegurar la redención, la felicidad y la paz. El Salmo 1 introduce la anticipación esperanzada del aleluya final (Salmo 150), cuando el Señor eliminará todo mal de su creación y prosperará a sus hijos.

Salmos 1 y 8 forman un inclusio (conjunto...

Salmos 1 y 8 forman un inclusio (conjunto de soportes literarios) que describe lo que Dios espera de la persona ideal (cp. Sal 19; 33; 104; 145), contrasta a la persona piadosa con el malvado y exalta la dignidad de la persona piadosa. Jesús el Mesías (Sal 2), el soberano Señor (Hb 2.6–8; ver 1 Co 15.27) y perfección de la humanidad, encarna este ideal.

1BIENAVENTURADO el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;

2Antes en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche.

El futuro pertenece a los piadosos.

El futuro pertenece a los piadosos.

3Y será como el árbol plantado junto á arroyos de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.

4No así los malos: Sino como el tamo que arrebata el viento.

5Por tanto no se levantarán los malos en el juicio, Ni los pecadores en la congregación de los justos.

6Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá.