Jesús y los discípulos llegaron al otro lado...
Jesús y los discípulos llegaron al otro lado del lago, completando el viaje comenzado en 4.35. Como en 1.21–28 y 3.11, los demonios realmente reconocieron (1.34) que Jesús era el Hijo del Dios Altísimo.
Por primera vez en el Evangelio de Marcos, un gentil fue el destinatario del ministerio de curación de Jesús (ver nota de estudio sobre 5.10–13; cp. 7.24–30).
1Y VINIERON de la otra parte de la mar á la provincia de los Gadarenos.
Marcos se enfoca en Jesús. El espíritu maligno...
Marcos se enfoca en Jesús. El espíritu maligno tenía gran fuerza, pero la autoridad de Jesús era aún mayor (5.6–13).
2Y salido él del barco, luego le salió al encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo,
3Que tenía domicilio en los sepulcros, y ni aun con cadenas le podía alguien atar;
4Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y los grillos desmenuzados; y nadie le podía domar.
5Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, é hiriéndose con las piedras.
A pesar de la horrible condición del hombre,...
A pesar de la horrible condición del hombre, la venida de Jesús le proporcionó un rayo de esperanza; corrió y se arrodilló ante Jesús, buscando ayuda.
• "Hijo del Dios Altísimo": Los espíritus malignos conocen la verdadera identidad de Jesús (1.24, 34; 3.11).
• No hubo disputa; Jesús estaba al mando y el espíritu maligno obedeció al Maestro. La tortura es el juicio final que espera a los espíritus malignos (Mat 8.29; Lc 8.31).
6Y como vió á Jesús de lejos, corrió, y le adoró.
7Y clamando á gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.
8Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo.
9Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos.
La persistente súplica de los espíritus muestra el...
La persistente súplica de los espíritus muestra el dominio de Jesús sobre ellos. Se les permitió entrar en una manada de unos 2.000 cerdos, cuya presencia marca esto como territorio gentil. Algunos se han centrado en la pérdida económica de los cerdos o han especulado sobre por qué Jesús permitió que los demonios los destruyeran, pero Marcos y sus lectores estaban interesados en cómo Jesús salvó al hombre.
10Y le rogaba mucho que no le enviase fuera de aquella provincia.
11Y estaba allí cerca del monte una grande manada de puercos paciendo.
12Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos á los puercos para que entremos en ellos.
13Y luego Jesús se lo permitió. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los puercos, y la manada cayó por un despeñadero en la mar; los cuales eran como dos mil; y en la mar se ahogaron.
14Y los que apacentaban los puercos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron para ver qué era aquello que había acontecido.
El contraste entre la condición anterior y la...
El contraste entre la condición anterior y la actual del hombre que había estado poseído era un testimonio del poder salvador de Jesús.
15Y vienen á Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado y vestido, y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.
16Y les contaron los que lo habían visto, cómo había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los puercos.
17Y comenzaron á rogarle que se fuese de los términos de ellos.
18Y entrando él en el barco, le rogaba el que había sido fatigado del demonio, para estar con él.
La misión de Jesús para el hombre era...
La misión de Jesús para el hombre era contar a los demás las grandes cosas que el Señor había hecho por él. Marcos así identifica a Jesús como el Señor.
• "Cuéntales": A diferencia de otras ocasiones, Jesús no trató de mantener en secreto su identidad (ver 3.11–12), quizás porque era menos peligroso en esta área gentil.
• "Decápolis": ver nota de estudio en Mateo 4.24–25.
19Mas Jesús no le permitió, sino le dijo: Vete á tu casa, á los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.
20Y se fué, y comenzó á publicar en Decápolis cuan grandes cosas Jesús había hecho con él: y todos se maravillaban.
Cuando Jesús llegó a Galilea en el otro...
Cuando Jesús llegó a Galilea en el otro (es decir, oeste) lado del lago, . . . un líder de la sinagoga local llamado Jairo se le acercó. Jairo organizaba los servicios de adoración en la sinagoga (cp. Hechos 13.15) y representaba a la comunidad judía ante el mundo exterior.
Dos milagros de sanación están conectados por la...
Dos milagros de sanación están conectados por la necesidad de la fé (5.34,36). La historia de la hija de Jairo enmarca la historia de la sanación de la mujer que tenía hemorragias constantes (5.25–34; ver Introducción al Libro de Marcos, “Características Literarias”), durante la cual la hija enferma de Jairo murió (5.35–43).
21Y pasando otra vez Jesús en un barco á la otra parte, se juntó á él gran compañía; y estaba junto á la mar.
22Y vino uno de los príncipes de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vió, se postró á sus pies,
23Y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está á la muerte: ven y pondrás las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.
Cuando Jesús va a la casa de Jairo...
Cuando Jesús va a la casa de Jairo con una gran multitud siguiéndolo, Marcos introduce a una mujer en la multitud que sufría de hemorragias constantes. Esta condición no solo le traía mala salud, sino que la hacía ceremonialmente impura y, por lo tanto, incapaz de participar en la vida normal de la comunidad (ver Lev 15.25–27). Ella era un modelo del tipo de fe que Jairo debería tener.
24Y fué con él, y le seguía gran compañía, y le apretaban.
25Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacía,
26Y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor,
La fé de la mujer (5.34) la convenció...
La fé de la mujer (5.34) la convenció de que solo tocar la ropa de Jesús traería sanación; esto ocurrió de inmediato.
27Como oyó hablar de Jesús, llegó por detrás entre la compañía, y tocó su vestido.
28Porque decía: Si tocare tan solamente su vestido, seré salva.
29Y luego la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.
30Y luego Jesús, conociendo en sí mismo la virtud que había salido de él, volviéndose á la compañía, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?
31Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?
32Y él miraba alrededor para ver á la que había hecho esto.
La mujer respondió con miedo, no por culpa,...
La mujer respondió con miedo, no por culpa, sino por darse cuenta de que había experimentado un gran milagro de Dios. A diferencia del miedo de los Gerasenos (5.15–17), su miedo fue positivo y trajo la bendición de Jesús. Ella experimentó la gracia y la salvación de Dios.
33Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.
34Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva: ve en paz, y queda sana de tu azote.
Desde que Jairo había salido de casa, su...
Desde que Jairo había salido de casa, su hija había muerto. Jesús tranquilizó a Jairo diciéndole que, a pesar de la muerte de su hija y de la aparente desesperanza de la situación, no debía tener miedo sino tener fé en Jesús.
35Hablando aún él, vinieron de casa del príncipe de la sinagoga, diciendo: Tu hija es muerta; ¿para qué fatigas más al Maestro?
36Mas luego Jesús, oyendo esta razón que se decía, dijo al príncipe de la sinagoga: No temas, cree solamente.
37Y no permitió que alguno viniese tras él sino Pedro, y Jacobo, y Juan hermano de Jacobo.
38Y vino á casa del príncipe de la sinagoga, y vió el alboroto, los que lloraban y gemían mucho.
39Y entrando, les dice: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La muchacha no es muerta, mas duerme.
40Y hacían burla de él: mas él, echados fuera todos, toma al padre y á la madre de la muchacha, y á los que estaban con él, y entra donde la muchacha estaba.
41Y tomando la mano de la muchacha, le dice: Talitha cumi; que es, si lo interpretares: Muchacha, á ti digo, levántate.
42Y luego la muchacha se levantó, y andaba; porque tenía doce años. Y se espantaron de grande espanto.
43Mas él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que le diesen de comer.