Este episodio muestra que el mensaje de salvación...
Este episodio muestra que el mensaje de salvación de Dios es para los gentiles así como para los judíos.
1Y COMO acabó todas sus palabras oyéndole el pueblo, entró en Capernaum.
2Y el siervo de un centurión, al cual tenía él en estima, estaba enfermo y á punto de morir.
3Y como oyó hablar de Jesús, envió á él los ancianos de los Judíos, rogándole que viniese y librase á su siervo.
4Y viniendo ellos á Jesús, rogáronle con diligencia, diciéndole: Porque es digno de concederle esto;
5Que ama nuestra nación, y él nos edificó una sinagoga.
6Y Jesús fué con ellos. Mas como ya no estuviesen lejos de su casa, envió el centurión amigos á él, diciéndole: Señor, no te incomodes, que no soy digno que entres debajo de mi tejado;
7Por lo cual ni aun me tuve por digno de venir á ti; mas di la palabra, y mi siervo será sano.
8Porque también yo soy hombre puesto en potestad, que tengo debajo de mí soldados; y digo á éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y lo hace.
9Lo cual oyendo Jesús, se maravilló de él, y vuelto, dijo á las gentes que le seguían: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
10Y vueltos á casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.
Jesús resucitó a tres personas; los otros fueron...
Jesús resucitó a tres personas; los otros fueron la hija de Jairo (8.40–56) y Lázaro (Juan 11.38–44). Jesús tiene autoridad sobre la vida y la muerte (cp. 1 Re 17.17–24; 2 Re 4.18–37).
11Y aconteció después, que él iba á la ciudad que se llama Naín, é iban con él muchos de sus discípulos, y gran compañía.
12Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban fuera á un difunto, unigénito de su madre, la cual también era viuda: y había con ella grande compañía de la ciudad.
La palabra traducida como ataúd puede referirse a...
La palabra traducida como ataúd puede referirse a un cajón o féretro fúnebre. Un judío se volvía impuro al tocar un cadáver o el ataúd o el féretro (Lev 21.1, 11–12). Sin embargo, como cuando tocó al hombre con lepra (Lucas 5.13), Jesús no se contaminó. Reemplazó la enfermedad y la muerte con limpieza y vida.
13Y como el Señor la vió, compadecióse de ella, y le dice: No llores.
14Y acercándose, tocó el féretro: y los que lo llevaban, pararon. Y dice: Mancebo, á ti digo, levántate.
15Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó á hablar. Y dióle á su madre.
16Y todos tuvieron miedo, y glorificaban á Dios, diciendo: Que un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y que Dios ha visitado á su pueblo.
17Y salió esta fama de él por toda Judea, y por toda la tierra de alrededor.
"Los discípulos de Juan el Bautista": ver nota...
"Los discípulos de Juan el Bautista": ver nota de estudio en 5.33. Juan estaba ahora en prisión (3.19–20), preguntándose si Jesús era realmente el Mesías, ya que no actuaba como un poderoso rey guerrero que derrocaría a los romanos. En respuesta, Jesús definió su papel mesiánico.
18Y sus discípulos dieron á Juan las nuevas de todas estas cosas: y llamó Juan á dos de sus discípulos,
19Y envió á Jesús, diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro?
20Y como los hombres vinieron á él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado á ti, diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro?
21Y en la misma hora sanó á muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos; y á muchos ciegos dió la vista.
22Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, dad las nuevas á Juan de lo que habéis visto y oído: que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, á los pobres es anunciado el evangelio:
23Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.
24Y como se fueron los mensajeros de Juan, comenzó á hablar de Juan á las gentes: ¿Qué salisteis á ver al desierto? ¿una caña que es agitada por el viento?
25Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un hombre cubierto de vestidos delicados? He aquí, los que están en vestido precioso, y viven en delicias, en los palacios de los reyes están.
26Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un profeta? También os digo, y aun más que profeta.
27Este es de quien está escrito: He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz, El cual aparejará tu camino delante de ti.
28Porque os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista: mas el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él.
29Y todo el pueblo oyéndole, y los publicanos, justificaron á Dios, bautizándose con el bautismo de Juan.
30Mas los Fariseos y los sabios de la ley, desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de él.
"¿ A qué, pues, compararé los hombres de...
"¿A qué, pues, compararé los hombres de esta generación?": Jesús compara a Israel con niños caprichosos en el mercado que juegan a hacer de cuenta. Llamaron a Juan el Bautista para que bailara (un juego de bodas), pero el solemne profeta se negó, llamándolos en su lugar al luto y al arrepentimiento por sus pecados. Luego llamaron a Jesús para que llorara (un juego de funeral), pero él era el novio que anunciaba el alegre banquete de celebración del reino de Dios, por lo que no habría sido apropiado para él llorar (cp. Marcos 2.19–20).
31Y dice el Señor: ¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación, y á qué son semejantes?
32Semejantes son á los muchachos sentados en la plaza, y que dan voces los unos á los otros, y dicen: Os tañimos con flautas, y no bailasteis: os endechamos, y no llorasteis.
33Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan, ni bebía vino, y decís: Demonio tiene.
34Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.
35Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos.
El comentario de Jesús en 7.35 ahora es...
El comentario de Jesús en 7.35 ahora es ilustrado por uno de los “hijos de la sabiduría” (ver nota de estudio en 7.35), una pecadora arrepentida que muestra gratitud por el perdón que ha recibido.
36Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese con él. Y entrado en casa del Fariseo, sentóse á la mesa.
37Y he aquí una mujer que había sido pecadora en la ciudad, como entendió que estaba á la mesa en casa de aquel Fariseo, trajo un alabastro de ungüento,
38Y estando detrás á sus pies, comenzó llorando á regar con lágrimas sus pies, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía con el ungüento.
39Y como vió esto el Fariseo que le había convidado, habló entre sí, diciendo: Este, si fuera profeta, conocería quién y cuál es la mujer que le toca, que es pecadora.
40Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él dice: Di, Maestro.
41Un acredor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta;
42Y no teniendo ellos de qué pagar, perdonó á ambos. Di, pues, ¿cuál de éstos le amará más?
43Y respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquél al cual perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.
Simón fue descuidado al olvidar mostrar a Jesús...
Simón fue descuidado al olvidar mostrar a Jesús las cortesías propias de la hospitalidad. Dado que los caminos eran polvorientos, un sirviente lavaría el polvo de los pies de un invitado. Saludar a un invitado con un beso en ambas mejillas es normal en el Medio Oriente incluso hoy. Ungir la cabeza con aceite de oliva era una forma de honrar a un invitado respetado.
44Y vuelto á la mujer, dijo á Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha limpiado con los cabellos.
45No me diste beso, mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.
46No ungiste mi cabeza con óleo; mas ésta ha ungido con ungüento mis pies.
47Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho; mas al que se perdona poco, poco ama.
48Y á ella dijo: Los pecados te son perdonados.
49Y los que estaban juntamente sentados á la mesa, comenzaron á decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?
50Y dijo á la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.