Jesús estaba respondiendo a una afirmación popular de...
Jesús estaba respondiendo a una afirmación popular de que las cosas malas solo les suceden a las personas malas. El pecado tiene consecuencias negativas, pero no todo lo malo es resultado del pecado. Jesús luego aclaró que todas las personas son pecadoras que necesitan arrepentirse (13.3, 5; ver Jb 4.7; 8.4, 20; 22.5; ver también Salm 34.21; 75.10, Prov 3.33; 10.3, 6–7, 16, 24–25, Juan 9.2–3).
1Y EN este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban acerca de los Galileos, cuya sangre Pilato había mezclado con sus sacrificios.
2Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos Galileos, porque han padecido tales cosas, hayan sido más pecadores que todos los Galileos?
3No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente.
4O aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalem?
5No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis asimismo.
La parábola de la higuera estéril ilustró el...
La parábola de la higuera estéril ilustró el ministerio de Jesús a Israel. A menos que la nación produjera el fruto del arrepentimiento, enfrentaría al juicio. La parábola está abierta— se le estaba ofreciendo a Israel la oportunidad de responder. Cp. Mat 21.18–19; Mar 11.12–14.
6Y dijo esta parábola: Tenía uno una higuera plantada en su viña, y vino á buscar fruto en ella, y no lo halló.
7Y dijo al viñero: He aquí tres años ha que vengo á buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala, ¿por qué ocupará aún la tierra?
8El entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aún este año, hasta que la excave, y estercole.
9Y si hiciere fruto, bien; y si no, la cortarás después.
10Y enseñaba en una sinagoga en sábado.
11Y he aquí una mujer que tenía espíritu de enfermedad dieciocho años, y andaba agobiada, que en ninguna manera se podía enhestar.
12Y como Jesús la vió, llamóla, y díjole: Mujer, libre eres de tu enfermedad.
13Y puso las manos sobre ella; y luego se enderezó, y glorificaba á Dios.
14Y respondiendo el príncipe de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese curado en sábado, dijo á la compañía: Seis días hay en que es necesario obrar: en estos, pues, venid y sed curados, y no en días de sábado.
"Hipócritas": los líderes religiosos cuidarían de sus propios...
- "Hipócritas": los líderes religiosos cuidarían de sus propios animales en el Sabbat (para proteger su inversión) pero luego se negarían a satisfacer las necesidades de un ser humano. En un juego de palabras irónico, la misma palabra se traduce como desatar (13.15) y liberar (13.16). Los líderes religiosos liberarían a sus animales pero no a una hija de Abraham— una de las personas elegidas por Dios y una receptora de su favor.
- "Satanás había atado": los exorcismos y sanaciones de Jesús manifestaron el Reino de Dios y la derrota de Satanás (ver 11.20).
15Entonces el Señor le respondió, y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en sábado su buey ó su asno del pesebre, y lo lleva á beber?
16Y a esta hija de Abraham, que he aquí Satanás la había ligado dieciocho años, ¿no convino desatar la de esta ligadura en día de sábado?
17Y diciendo estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios: mas todo el pueblo se gozaba de todas las cosas gloriosas que eran por él hechas.
Las parábolas de la semilla de mostaza y...
Las parábolas de la semilla de mostaza y la levadura revelan la naturaleza del Reino de Dios. Como una semilla de mostaza, crece desde un tamaño diminuto hasta que se vuelve grande; como la levadura fermenta la masa, impregna el mundo entero.
18Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y á qué le compararé?
19Semejante es al grano de la mostaza, que tomándo lo un hombre lo metió en su huerto; y creció, y fué hecho árbol grande, y las aves del cielo hicieron nidos en sus ramas.
20Y otra vez dijo: ¿A qué compararé el reino de Dios?
21Semejante es á la levadura, que tomó una mujer, y la escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado.
22Y pasaba por todas las ciudades y aldeas, enseñando, y caminando á Jerusalem.
23Y díjole uno: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:
24Porfiad a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.
25Después que el padre de familia se levantare, y cerrare la puerta, y comenzareis á estar fuera, y llamar á la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos; y respondiendo os dirá: No os conozco de dónde seáis.
26Entonces comenzaréis á decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste;
27Y os dirá: Dígoos que no os conozco de dónde seáis; apartaos de mí todos los obreros de iniquidad.
28Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando viereis á Abraham, y á Isaac, y á Jacob, y á todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros excluídos.
29Y vendrán del Oriente y del Occidente, del Norte y del Mediodía, y se sentarán á la mesa en el reino de Dios.
30Y he aquí, son postreros los que eran los primeros; y son primeros los que eran los postreros
31Aquel mismo día llegaron unos de los Fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar.
32Y les dijo: Id, y decid á aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y acabo sanidades hoy y mañana, y al tercer día soy consumado.
33Empero es menester que hoy, y mañana, y pasado mañana camine; porque no es posible que profeta muera fuera de Jerusalem.
34¡Jerusalem, Jerusalem! que matas á los profetas, y apedreas á los que son enviados á ti: ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina sus pollos debajo de sus alas, y no quisiste!
35He aquí, os es dejada vuestra casa desierta: y os digo que no me veréis hasta que venga tiempo cuando digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.