Esta sección aborda cómo la comunidad de Israel...
Esta sección aborda cómo la comunidad de Israel debía observar la santidad. La santidad no es solo uno de los atributos de Dios, sino la suma de todos los atributos de su persona, naturaleza y carácter (ver nota de estudio sobre Éxodo 3:5). Su "gloria" es la manifestación de su persona, naturaleza y carácter perfectos (ver Lv 9:6). El pacto de Dios con Israel implicaba que el pueblo y la nación participaran en la santidad de Dios. Esta santidad dependía de la relación de Israel con Dios, lo cual traía consigo ciertas expectativas éticas y rituales que Israel debía mantener.
1Y HABLÓ Jehová á Moisés, diciendo:
2Habla á Aarón y á sus hijos, y á todos los hijos de Israel, y diles: Esto es lo que ha mandado Jehová, diciendo:
Estas regulaciones (ver también Dt 12:15–21) indican que...
Estas regulaciones (ver también Dt 12:15–21) indican que el sacrificio no supervisado podría fácilmente llevar a la incorporación de elementos paganos en la verdadera adoración al Señor (Lv 17:7). Israel estaba acampado alrededor del Tabernáculo (Nm 2:2–34), por lo que no era inconveniente llevar un animal al santuario para el sacrificio. Deuteronomio 12:20–24 anticipa el asentamiento de Israel en la tierra y la dificultad que esta regulación impondría. Permitía sacrificar y comer carne sin llevarla al santuario, siempre que no se consumiera la sangre.
3Cualquier varón de la casa de Israel que degollare buey, ó cordero, ó cabra, en el real, ó fuera del real,
4Y no lo trajere á la puerta del tabernáculo del testimonio, para ofrecer ofrenda á Jehová delante del tabernáculo de Jehová, sangre será imputada al tal varón: sangre derramó; cortado será el tal varón de entre su pueblo:
5A fin de que traigan los hijos de Israel sus sacrificios, los que sacrifican sobre la haz del campo, para que los traigan á Jehová á la puerta del tabernáculo del testimonio al sacerdote, y sacrifiquen ellos sacrificios de paces á Jehová.
6Y el sacerdote esparcirá la sangre sobre el altar de Jehová, á la puerta del tabernáculo del testimonio, y quemará el sebo en olor de suavidad á Jehová.
7Y nunca más sacrificarán sus sacrificios a los demonios, tras de los cuales han fornicado: tendrán esto por estatuto perpetuo por sus edades.
8Les dirás también: Cualquier varón de la casa de Israel, ó de los extranjeros que peregrinan entre vosotros, que ofreciere holocausto ó sacrificio,
9Y no lo trajere á la puerta del tabernáculo del testimonio, para hacerlo á Jehová, el tal varón será igualmente cortado de sus pueblos.
10Y cualquier varón de la casa de Israel, ó de los extranjeros que peregrinan entre ellos, que comiere alguna sangre, yo pondré mi rostro contra la persona que comiere sangre, y le cortaré de entre su pueblo.
11Porque la vida de la carne en la sangre está: y yo os la he dado para expiar vuestras personas sobre el altar: por lo cual la misma sangre expiará la persona.
12Por tanto, he dicho á los hijos de Israel: Ninguna persona de vosotros comerá sangre, ni el extranjero que peregrina entre vosotros comerá sangre.
13Y cualquier varón de los hijos de Israel, ó de los extranjeros que peregrinan entre ellos, que cogiere caza de animal ó de ave que sea de comer, derramará su sangre, y cubrirála con tierra:
14Porque el alma de toda carne, su vida, está en su sangre: por tanto he dicho á los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre: cualquiera que la comiere será cortado.
Un animal muerto por un depredador o que...
Un animal muerto por un depredador o que murió por causas naturales todavía tenía sangre no drenada en sus tejidos, lo que lo hacía ceremonialmente impuro y una fuente potencial de contaminación (22:8). Los israelitas debían arrojar tal animal a los perros (Ex 22:31) o darlo o venderlo a un no israelita (Dt 14:21). Si un israelita llegaba a comer un animal con sangre no drenada, él o ella se volvían ceremonialmente impuros y debían lavarse con agua. La impureza en sí misma no era un pecado, pero descuidar el estado de impureza traía castigo.
15Y cualquiera persona que comiere cosa mortecina, ó despedazada por fiera, así de los naturales como de los extranjeros, lavará sus vestidos y a sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde; y se limpiará.
16Y si no los lavare, ni lavare su carne, llevará su iniquidad.