El rescate de Jerusalén del rey Senaquerib de...
El rescate de Jerusalén del rey Senaquerib de Asiria es un punto central de los capítulos 1–39. El Señor promete salvar a su pueblo permaneciendo presente en Jerusalén (ver 7:14) y manteniendo un remanente (ver nota de estudio sobre 10:20). Aunque gran parte del país estaba desolada y la población diezmada debido a su insensata alianza con Asiria (capítulos 7–8), el Señor preservó a su pueblo de la conquista total a través de Ezequías, un rey piadoso. Ezequías enfrentó la misma prueba que Acaz, una prueba de confianza (observe la recurrencia de palabras para "confianza" en el desafío del oficial asirio en el capítulo 36). Pero Ezequías aprendió las lecciones enseñadas en los capítulos 13–35 y, al menos inicialmente, superó la prueba. Esta narrativa se repite en 2 Re 18:13–20:19.
1ACONTECIÓ en el año catorce del rey Ezechîas, que Sennachêrib rey de Asiria subió contra todas las ciudades fuertes de Judá, y tomólas.
2Y el rey de Asiria envió á Rabsaces con grande ejército desde Lachîs á Jerusalem al rey Ezechîas: y asentó el campo á los caños de la pesquera de arriba, en el camino de la heredad del Lavador.
3Y salió á él Eliacim hijo de Hilcías mayordomo, y Sebna, escriba, y Joah hijo de Asaph, canciller.
El jefe del estado mayor asirio intentó usar...
El jefe del estado mayor asirio intentó usar la intimidación para negociar un acuerdo sin derramamiento de sangre. En su primer discurso (36:4–10), argumentó correctamente contra la capacidad de Egipto para rescatar, pero acusó erróneamente a Ezequías de tener una confianza mal colocada en el Señor. Sorprendentemente, los asirios no veían la contienda como una lucha entre los dioses de Asiria y el Señor, sino más bien entre Senaquerib, el gran rey, y el Señor.
4A los cuales dijo Rabsaces: Ahora pues, diréis á Ezechîas: El gran rey, el rey de Asiria, dice así: ¿Qué confianza es ésta en que confías?
5Digo, alegas tú, (empero palabras vanas) que tengo consejo y fortaleza para la guerra. Ahora bien, ¿en quién confías que te rebelas contra mí?
6He aquí que confías en este bordón de caña frágil, en Egipto, sobre el cual si alguien se apoyare, entrarásele por la mano, y se la atravesará. Tal es Faraón rey de Egipto para con todos los que en él confían.
7Y si me dijeres, En Jehová nuestro Dios confiamos; ¿no es éste aquel cuyos altos y cuyos altares hizo quitar Ezechîas, y dijo á Judá y á Jerusalem: Delante de este altar adoraréis?
8Ahora pues yo te ruego que des rehenes al rey de Asiria mi señor, y yo te daré dos mil caballos, si pudieres tú dar caballeros que cabalguen sobre ellos.
9¿Cómo pues harás volver el rostro de un capitán de los más pequeños siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto por sus carros y hombres de á caballo?
10¿Y por ventura vine yo ahora á esta tierra para destruirla sin Jehová? Jehová me dijo: Sube á esta tierra para destruirla.
11Entonces dijo Eliacim, y Sebna y Joah á Rabsaces: Rogámoste que hables á tus siervos en lengua siriaca, porque nosotros la entendemos: y no hables con nosotros en lengua judáica, oyéndolo el pueblo que está sobre el muro.
12Y dijo Rabsaces: ¿Envióme mi señor á ti y á tu señor, á que dijese estas palabras, y no á los hombres que están sobre el muro, para comer su estiércol y beber su orina con vosotros?
En el segundo discurso del jefe del ejercito...
En el segundo discurso del jefe del ejercito asirio, afirmó que los dioses de su nación eran más poderosos que el Dios de Judá (cp. 10:9–10). La capacidad de Dios para rescatar a su pueblo estaba en duda. En el drama que siguió, el Señor sorprendió a los asirios con su poder (37:36–37).
13Púsose luego en pie Rabsaces, y gritó á grande voz en lengua judáica, diciendo: Oid las palabras del gran rey, el rey de Asiria.
14El rey dice así: No os engañe Ezechîas, porque no os podrá librar.
15Ni os haga Ezechîas confiar en Jehová, diciendo: Ciertamente Jehová nos librará: no será entregada esta ciudad en manos del rey de Asiria.
El asirio estaba tentando al pueblo de Jerusalén...
El asirio estaba tentando al pueblo de Jerusalén con provisiones que el Señor había prometido a su pueblo obediente (ver 1:19, 37:30–35; Dt 8:7–9). Era una oferta tentadora, pero engañosa. Además, ocultaba la realidad del exilio que habría seguido (Is 36:17).
16No escuchéis á Ezechîas: porque el rey de Asiria dice así: Haced conmigo paz, y salid á mí; y coma cada uno de su viña, y cada uno de su higuera, y beba cada cual las aguas de su pozo;
17Hasta que yo venga y os lleve á una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas.
18Mirad no os engañe Ezechîas diciendo: Jehová nos librará. ¿Libraron los dioses de las gentes cada uno á su tierra de la mano del rey de Asiria?
19¿Dónde está el dios de Hamath y de Arphad? ¿dónde está el dios de Sepharvaim? ¿libraron á Samaria de mi mano?
20¿Qué dios hay entre los dioses de estas tierras, que haya librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano á Jerusalem?
21Mas callaron, y no le respondieron palabra; porque el rey así lo había mandado, diciendo: No le respondáis.
22Entonces Eliacim hijo de Hilcías mayordormo, y Sebna escriba, y Joah hijo de Asaph canciller, vinieron á Ezechîas rotos sus vestidos, y contáronle las palabras de Rabsaces.