Los judíos observaban tres grandes fiestas anuales de...
Los judíos observaban tres grandes fiestas anuales de peregrinación, cuando muchos iban al templo en Jerusalén: Panes sin Levadura (que incluye la Pascua), Pentecostés (Cosecha) y Tabernáculos (ver Lev 23:1–44). En Pentecostés, cuando el pueblo judío se reunía en Jerusalén para celebrar la cosecha de las bendiciones de Dios, y cuando los discípulos estaban unidos y expectantes mientras se reunían para orar, el Espíritu Santo vino y llenó a los creyentes reunidos.
1Y COMO se cumplieron los días de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos;
2Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corría, el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados;
3Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asentó sobre cada uno de ellos.
4Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen.
Como Pentecostés era un festival de peregrinación (ver...
Como Pentecostés era un festival de peregrinación (ver nota de estudio sobre 2:1–4), judíos de todas las naciones estaban presentes en Jerusalén en ese momento y así pudieron escuchar las buenas nuevas proclamadas en sus propios idiomas. Las buenas nuevas son para todas las personas (2:38–39).
5Moraban entonces en Jerusalem Judíos, varones religiosos, de todas las naciones debajo del cielo.
6Y hecho este estruendo, juntóse la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar su propia lengua.
7Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: He aquí ¿no son Galileos todos estos que hablan?
8¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en que somos nacidos?
Los partos provenían de la región que se...
- Los partos provenían de la región que se extiende desde el río Tigris hacia el este hasta la India. Los medos (ahora llamados kurdos) eran de Media, al este de Mesopotamia y al norte del Golfo Pérsico. Los elamitas eran de Elam (ahora en Irán), al norte del Golfo Pérsico y justo al este del río Tigris. Mesopotamia se encontraba entre los ríos Tigris y Éufrates. Judea era ampliamente conocida como la patria judía. Capadocia, Ponto y Asia eran provincias romanas en Asia Menor (ahora en Turquía; ver 1 Pe 1:1); Pablo más tarde enseñó y predicó en algunas de estas áreas (ver Hch 16:6; 19:10,26). Frigia y Panfilia eran distritos de Asia Menor que Pablo visitó más tarde (13:13; 18:23). Egipto tenía una gran población judía, particularmente en la ciudad de Alejandría (ver 18:24). África del Norte también estaba representada por Libia y Cirene. Roma era la capital imperial y el hogar de miles de judíos. Los cretenses provenían de la isla de Creta, ubicada al sur-sureste de Grecia, y los árabes del área al sur y este de Jerusalén.
- La inclusión de todas estas naciones sugiere cómo las buenas nuevas iban a llegar hasta lo último de la tierra (1:8).
9Partos y Medos, y Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea y en Capadocia, en el Ponto y en Asia,
convertidos al judaísmo: ver nota de estudio sobre...
convertidos al judaísmo: ver nota de estudio sobre 13:43.
10En Phrygia y Pamphylia, en Egipto y en las partes de Africa que está de la otra parte de Cirene, y Romanos extranjeros, tanto Judíos como convertidos,
11Cretenses y Arabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.
12Y estaban todos atónitos y perplejos, diciendo los unos á los otros: ¿Qué quiere ser esto?
13Mas otros burlándose, decían: Que están llenos de mosto.
Este es el primero de unos treinta discursos...
Este es el primero de unos treinta discursos en Hechos y uno de los más importantes, ya que se encuentra en el mismo inicio de la iglesia. Es un ejemplo típico de la predicación de los apóstoles, quienes proclamaron (1) que las promesas del Antiguo Testamento se habían cumplido en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, quien es el Mesías prometido; (2) que los propios apóstoles fueron testigos oculares de todo el ministerio público de Jesús y fueron sus representantes elegidos; (3) que las personas son llamadas a arrepentirse de sus pecados y tener fe en Dios a través de Cristo; y (4) que la salvación y la presencia del Espíritu Santo se prometen a aquellos que responden afirmativamente a este mensaje de buenas nuevas. Este mensaje básico se repite en los sermones de los caps 3, 4, 5, 8, 10, y 13. Los mismos temas caracterizaron la predicación de Pablo (ver 1 Cor 15:3–9). Este mensaje se predicó repetidamente tanto a judíos como a gentiles en todo el mundo mediterráneo; se convoca a todas las personas a arrepentirse de sus pecados y volverse a Dios mediante la fe en Jesucristo.
14Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó su voz, y hablóles diciendo: Varones Judíos, y todos los que habitáis en Jerusalem, esto os sea notorio, y oid mis palabras.
15Porque éstos no están borrachos, como vosotros pensáis, siendo la hora tercia del día;
16Mas esto es lo que fué dicho por el profeta Joel:
Este pasaje cita Joel 2:28–32. El profeta Joel...
Este pasaje cita Joel 2:28–32. El profeta Joel predijo un ejercicio más amplio de los dones de profecía, incluyendo visiones y sueños tanto por jóvenes como por ancianos, tanto hombres como mujeres en los últimos días (Joel 2:28–29). En Hechos, en el día de Pentecostés, Pedro declaró que la profecía de Joel se estaba cumpliendo, señalando que habían llegado “los últimos días”.
17Y será en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Y vuestros mancebos verán visiones, Y vuestros viejos soñarán sueños:
18Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.
19Y daré prodigios arriba en el cielo, Y señales abajo en la tierra, Sangre y fuego y vapor de humo:
20El sol se volverá en tinieblas, Y la luna en sangre, Antes que venga el día del Señor, Grande y manifiesto;
21Y será que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
22Varones Israelitas, oid estas palabras: Jesús Nazareno, varón aprobado de Dios entre vosotros en maravillas y prodigios y señales, que Dios hizo por él en medio de vosotros, como también vosotros sabéis;
Aunque hombres crueles habían crucificado a Jesús, esta...
Aunque hombres crueles habían crucificado a Jesús, esta acción no había derrotado el plan preestablecido de Dios para la salvación. De hecho, Dios lo resucitó, lo cual David había predicho (2:25–28).
23A éste, entregado por determinado consejo y providencia de Dios, prendisteis y matasteis por manos de los inicuos, crucificándole;
24Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible ser detenido de ella.
25Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí: Porque está á mi diestra, no seré conmovido.
26Por lo cual mi corazón se alegró, y gozóse mi lengua; Y aun mi carne descansará en esperanza;
27Que no dejarás mi alma en el infierno, Ni darás á tu Santo que vea corrupción.
28Hicísteme notorios los caminos de la vida; Me henchirás de gozo con tu presencia.
29Varones hermanos, se os puede libremente decir del patriarca David, que murió, y fué sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta del día de hoy.
30Empero siendo profeta, y sabiendo que con juramento le había Dios jurado que del fruto de su lomo, cuanto á la carne, levantaría al Cristo que se sentaría sobre su trono;
31Viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fué dejada en el infierno, ni su carne vió corrupción.
Dios resucitó a Jesús de entre los muertos,...
Dios resucitó a Jesús de entre los muertos, y todos somos testigos de esto: el tema del testimonio se repite a menudo en Hechos (por ejemplo, 3:15; 4:33; 5:32; 10:39–43). La culminación de este mensaje es que Dios el Padre, como había prometido, ahora estaba derramando su Espíritu Santo sobre la iglesia a través del Jesús resucitado. Todo Israel fue llamado a reconocer que Dios había actuado decisivamente para hacer del Jesús crucificado tanto Señor como ¡Mesías!.
32A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
33Así que, levantado por la diestra de Dios, y recibiendo del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.
Este pasaje cita Sal 110:1, que Jesús cumplió...
Este pasaje cita Sal 110:1, que Jesús cumplió cuando ascendió al cielo (Hch 1:9).
34Porque David no subió á los cielos; empero él dice: Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á mi diestra,
35Hasta que ponga á tus enemigos por estrado de tus pies.
36Sepa pues ciertísimamente toda la casa de Israel, que á éste Jesús que vosotros crucificasteis, Dios ha hecho Señor y Cristo.
Hermanos, ¿qué debemos hacer? Pedro respondió exhortando firmemente...
Hermanos, ¿qué debemos hacer? Pedro respondió exhortando firmemente a sus oyentes a que se arrepientan de sus pecados, se vuelvan a Dios y sean bautizados. Ver la nota sobre el tema “Bautismo”.
37Entonces oído esto, fueron compungidos de corazón, y dijeron á Pedro y á los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
38Y Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
39Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
40Y con otras muchas palabras testificaba y exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.
41Así que, los que recibieron su palabra, fueron bautizados: y fueron añadidas á ellos aquel día como tres mil personas.
Lucas establece una clara conexión entre la fe...
Lucas establece una clara conexión entre la fe personal y la pertenencia a la comunidad cristiana. La vida en esta nueva comunidad implicaba devoción a la enseñanza apostólica de la Palabra de Dios, comunión, compartir, alegría y alabanza, y resultaba en que el Señor continuara añadiendo a su número a aquellos que estaban siendo salvados.
42Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión, y en el partimiento del pan, y en las oraciones.
43Y toda persona tenía temor: y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.
44Y todos los que creían estaban juntos; y tenían todas las cosas comunes;
45Y vendían las posesiones, y las haciendas, y repartíanlas á todos, como cada uno había menester.
46Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y con sencillez de corazón,
47Alabando á Dios, y teniendo gracia con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día á la iglesia los que habían de ser salvos.