2 Samuel 1RV09

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Un amalecita sin nombre se acercó a David,...

Un amalecita sin nombre se acercó a David, afirmando haber matado a Saúl. Esto era una mentira, ya que Saúl se había suicidado (1 Sam 31:4–6). El amalecita podría haber esperado que David lo recompensara por facilitarle el acceso al trono. Sin embargo, David ordenó que lo mataran por haber dañado al ungido del Señor.

Los cuarenta años del reinado de Saúl llegaron...

Los cuarenta años del reinado de Saúl llegaron a un doloroso final. Los filisteos infligieron un golpe devastador al pueblo de Saúl, matando a sus hijos y desmembrando el cuerpo de Saúl después de su suicidio (1 Sam 31). Tras estas tragedias, la carrera de David como líder cobró protagonismo.

1Y ACONTECIÓ después de la muerte de Saúl, que vuelto David de la derrota de los Amalecitas, estuvo dos días en Siclag:

2Y al tercer día acaeció, que vino uno del campo de Saúl, rotos sus vestidos, y tierra sobre su cabeza: y llegando á David, postróse en tierra, é hizo reverencia.

3Y preguntóle David: ¿De dónde vienes? Y él respondió: Heme escapado del campo de Israel.

4Y David le dijo: ¿Qué ha acontecido? ruégote que me lo digas. Y él respondió: El pueblo huyó de la batalla, y también muchos del pueblo cayeron y son muertos: también Saúl y Jonathán su hijo murieron.

5Y dijo David á aquel mancebo que le daba las nuevas: ¿Cómo sabes que Saúl es muerto, y Jonathán su hijo?

6Y el mancebo que le daba las nuevas respondió: Casualmente vine al monte de Gilboa, y hallé á Saúl que estaba recostado sobre su lanza, y venían tras él carros y gente de á caballo.

7Y como él miró atrás, vióme y llamóme; y yo dije: Heme aquí.

8Y él me dijo: ¿Quién eres tú? Y yo le respondí: Soy Amalecita.

9Y él me volvió á decir: Yo te ruego que te pongas sobre mí, y me mates, porque me toman angustias, y toda mi alma está aún en mí.

10Yo entonces púseme sobre él, y matélo, porque sabía que no podía vivir después de su caída: y tomé la corona que tenía en su cabeza, y la ajorca que traía en su brazo, y helas traído acá á mi señor.

11Entonces David trabando de sus vestidos, rompiólos; y lo mismo hicieron los hombres que estaban con él.

12Y lloraron y lamentaron, y ayunaron hasta la tarde, por Saúl y por Jonathán su hijo, y por el pueblo de Jehová, y por la casa de Israel: porque habían caído á cuchillo.

13Y David dijo á aquel mancebo que le había traído las nuevas: ¿De dónde eres tú? Y él respondió: Yo soy hijo de un extranjero, Amalecita.

14Y díjole David: ¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para matar al ungido de Jehová?

El amalecita esperaba una recompensa por haber matado...

El amalecita esperaba una recompensa por haber matado al rival de David, pero en lugar de eso fue condenado por haber matado al ungido del Señor. El propio David había rechazado dos veces la oportunidad de matar a Saúl (ver 1 Sam 24:5–7, 26:9–11).

15Entonces llamó David uno de los mancebos, y díjole: Llega, y mátalo. Y él lo hirió, y murió.

16Y David le dijo: Tu sangre sea sobre tu cabeza, pues que tu boca atestiguó contra ti, diciendo: Yo maté al ungido de Jehová.

17Y endechó David á Saúl y á Jonathán su hijo con esta endecha.

18(Dijo también que enseñasen al arco á los hijos de Judá. He aquí que está escrito en el libro del derecho:)

19¡Perecido ha la gloria de Israel sobre tus montañas! ¡Cómo han caído los valientes!

20No lo denunciéis en Gath, No deis las nuevas en las plazas de Ascalón; Porque no se alegren las hijas de los Filisteos, Porque no salten de gozo las hijas de los incircuncisos.

21Montes de Gilboa, Ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros, ni seáis tierras de ofrendas; Porque allí fué desechado el escudo de los valientes, El escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite.

22Sin sangre de muertos, sin grosura de valientes, El arco de Jonathán nunca volvió, Ni la espada de Saúl se tornó vacía.

23Saúl y Jonathán, amados y queridos en su vida, En su muerte tampoco fueron apartados: Más ligeros que águilas, Más fuertes que leones.

24Hijas de Israel, llorad sobre Saúl, Que os vestía de escarlata en regocijos, Que adornaba vuestras ropas con ornamentos de oro.

25¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla! ¡Jonathán, muerto en tus alturas!

26Angustia tengo por ti, hermano mío Jonathán, Que me fuiste muy dulce: Más maravilloso me fué tu amor, Que el amor de las mujeres.

27¡Cómo han caído los valientes, Y perecieron las armas de guerra!