1 Pedro 1RV09

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1PEDRO, apóstol de Jesucristo, á los extranjeros esparcidos en Ponto, en Galacia, en Capadocia, en Asia, y en Bithinia,

2Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sea multiplicada.

En la mayoría de las cartas del Nuevo...

En la mayoría de las cartas del Nuevo Testamento, el saludo es seguido por una sección de acción de gracias o alabanza. Pedro alaba a Dios porque su misericordia brinda nueva vida espiritual, lo que genera una expectativa confiada sobre el futuro a pesar de los sufrimientos presentes.

3Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos ha regenerado en esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,

4Para una herencia incorruptible, y que no puede contaminarse, ni marchitarse, reservada en los cielos

5Para nosotros que somos guardados en la virtud de Dios por fe, para alcanzar la salud que está aparejada para ser manifestada en el postrimero tiempo.

6En lo cual vosotros os alegráis, estando al presente un poco de tiempo afligidos en diversas tentaciones, si es necesario,

7Para que la prueba de vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual perece, bien que sea probado con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra, cuando Jesucristo fuere manifestado:

8Al cual, no habiendo visto, le amáis; en el cual creyendo, aunque al presente no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorificado;

9Obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salud de vuestras almas.

Nuestra salvación es grandiosa: los profetas del Antiguo...

Nuestra salvación es grandiosa: los profetas del Antiguo Testamento la predijeron, y los ángeles desean investigarla.

10De la cual salud los profetas que profetizaron de la gracia que había de venir á vosotros, han inquirido y diligentemente buscado,

11Escudriñando cuándo y en qué punto de tiempo significaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual prenunciaba las aflicciones que habían de venir á Cristo, y las glorias después de ellas.

12A los cuales fué revelado, que no para sí mismos, sino para nosotros administraban las cosas que ahora os son anunciadas de los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; en las cuales desean mirar los ángeles.

El nuevo nacimiento y la esperanza de salvación...

El nuevo nacimiento y la esperanza de salvación exigen que los cristianos vivan como el pueblo de Dios, apartándose de los valores del mundo y emulando la santidad de Dios, quien los redimió.

13Por lo cual, teniendo los lomos de vuestro entendimiento ceñidos, con templanza, esperad perfectamente en la gracia que os es presentada cuando Jesucristo os es manifestado:

14Como hijos obedientes, no conformándoos con los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia;

“ Sed santos, porque yo soy santo ”:...

Sed santos, porque yo soy santo”: este es un refrán común en las Escrituras, que indica que el pueblo de Dios debe ser santo como Dios es santo (ver Lv 11:44–45, 19:2, 20:7; ver también Ez 20:12, Ef 1:4, 1 Ts 4:3, Ap 22:11).

15Sino como aquel que os ha llamado es santo, sed también vosotros santos en toda conversación:

16Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.

17Y si invocáis por Padre á aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conversad en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación:

18Sabiendo que habéis sido rescatados de vuestra vana 1.15 conversación, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro ó plata;

19Sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación:

20Ya ordenado de antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postrimeros tiempos por amor de vosotros,

21Que por él creéis á Dios, el cual le resucitó de los muertos, y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sea en Dios.

Después de su llamado a la santidad (1:13–21),...

Después de su llamado a la santidad (1:13–21), Pedro especifica cómo los creyentes deben vivir de manera amorosa con otros cristianos.

22Habiendo purificado vuestras almas en la obediencia de la verdad, por el Espíritu, en caridad hermanable sin fingimiento, amaos unos á otros entrañablemente de corazón puro:

23Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre.

24Porque Toda carne es como la hierba, Y toda la gloria del hombre como la flor de la hierba: Secóse la hierba, y la flor se cayó;

25Mas la palabra del Señor permanece perpetuamente. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.